El detalleQué nos encontramos
Antes de nada, una cosa importante: no la fuerces. Si lo que se ha roto es un muelle de compensación, el cierre ha perdido el contrapeso y puede caer de golpe. Vale más esperar media hora que acabar con la persiana en el suelo y una lama doblada.
Muelle de compensación roto
Es la causa número uno. El muelle es quien hace que una persiana de cien kilos se pueda levantar con dos dedos. Cuando revienta, todo el peso cae sobre ti. Se oye un golpe seco y, a partir de ese momento, la persiana no sube o se queda a medio camino. Se cambia el muelle y se reequilibra el eje.
Eje descompensado o poleas cansadas
Si la persiana sube pero se queda torcida o baja sola, el problema es del eje: poleas gastadas, flejes cedidos o el propio eje pandeado. Aquí no sirve engrasar; hay que reequilibrar o sustituir el conjunto.
Guía obstruida o lama fuera de carril
A veces no es el mecanismo: es suciedad, un golpe en el carril o una lama que ha saltado de la guía. La persiana se atasca siempre a la misma altura. Se resuelve limpiando, enderezando la guía y recolocando la lama.
Si es motorizada: condensador, final de carrera o cuadro
En una persiana con motor, que no suba no significa que el motor esté muerto. Muchas veces es el condensador, el final de carrera desajustado o el cuadro de maniobra. Lo comprobamos todo antes de decirte de cambiar el motor.